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Estos judíos de antes…

Elmyr de Hory, homosexual y judío de nacimiento ( Puto, Molotov )

Tambien un maldito burgués, se suicidó en la isla de Ibiza en 1976 antes de ser extraditado a Francia, donde iba a ser juzgado por estafa.

A finales de los años sesenta los periódicos se hicieron eco de la noticia.

 De Hory, que vivía en Ibiza desde hacía 16 años, era el responsable del mayor fraude de la historia del arte. ( I feel good. James Brown )

 Había vendido más de 1.000 obras falsas de pintores de la talla de Picasso, Matisse, Renoir, Modigliani, Toulouse-Lautrec, Gauguin o Chagall.

 Hory no copiaba los cuadros de estos grandes pintores, decia que eran aburridos, que no tenian “candela” entonces  creaba obras nuevas imitando el estilo, el trazo, la pincelada, el gesto pictórico y los temas de cada uno de ellos.

“Me parecía aburrido, absurdo copiar todas esas obras feas, carentes de sentido, decidi jugar y engañar tambien al mismo estilo pictorico que tomaba y ¡pum! pegaba como hit de Ray Charles”

Con sus obras consiguió engañar a todos, a artistas como Picasso, que consideró como suya una de las falsificaciones de Elmyr.   (Why can’t we be friends, WAR )

Museos, galerías de arte y  coleccionistas de todo el mundo, compraron las obras durante 30 años.

 El engaño se desenmascaró cuando se publicó la obra del escritor Clifford Irving  titulada ¡Fraude! donde se contaba la vida del pintor falsificador. 

 Irving ha añadido a ¡Fraude!, un nuevo capítulo en el que recoge, como si de Elvis Presley se tratara, testimonios que aseguran haber visto a Hory en las playas de Australia retozando con nuevos amantes y pintando cuadros que seguirían engrosando los fondos de las colecciones de medio mundo.  ( El rey, Jose Alfredo Jímenez)

De Hory sigue vivo.  ( Siiiiii, la multitud enardecida )

De Hory esta muerto. (Tambiéeeeeennnn, la misma multitud enardecida)

Pollock conoce a los Guggenheim. Pollock se hace famoso.


-Muévete hacia la derecha muñeca.

-Un poco más.

-Bien. Buena chica.

Corre el año de 1951 y Cecil Beaton, fotógrafo para Vogue, está capturando con su cámara la sensualidad y elegancia de un vestido negro que acaba de salir al mercado, portado por una chica simplona y flaca, pero que, por usar el vestido, se vuelve automáticamente en una mujer sensual y elegante. Para rematar la escena, el telón de fondo que el fotógrafo ha escogido no es sino un gran lienzo de Jackson Pollock.

 

De esta manera, los intereses capitalistas ponen de moda un determinado tipo de vestido, un determinado tipo de chica y un determinado tipo de arte.


Este artículo se ocupa del tercer aspecto.


Jackson Pollock, el artista libre, el genio de la pintura, el hombre explosivo y pasional, atormentado por los fantasmas del pasado, convertido en un mero decorado para un vestido.

Corre el año de 1951. La Guerra de Corea le va mal a los americanos. Los comunistas chinos y los comunistas norcoreanos capturan Seúl. En E.U. Ethel y Julius Rosenberg son condenados a muerte por espionaje. Primera Guerra Indo-China en curso. En Nuevo México, Arizona y Oregon miles de hectáreas de bosques son destruidas por incendios.

Se estrena Alicia en el País de las Maravillas de Disney.

Regresamos en el tiempo.

Es el año de 1945. La Segunda Guerra Mundial acaba de terminar. Padres e hijos dejan el frente de batalla y vuelven a sus casas. Abrazos, lágrimas y risas. En Alemania, los Juicios de Nuremberg se llevan a cabo. Muchos ex-líderes nazis, malos y feos, son condenados a muerte por un tribunal internacional. Abrazos, lágrimas y risas.

Todo mundo es optimista.

En medio del optimismo, un desconocido Jackson Pollock, se casa con una desconocida Lee Krasner y se mudan a una casa en Nueva York. La casa pertenece a una empresaria rica, Marguerite Guggenheim. Pollock y su mujer no pueden pagar el costo de la casa, por lo que la casera, que además de empresaria es coleccionista de arte, les presta dinero a cambio de obras de arte.

Ya chingamos, piensa Pollock.

Peggy Guggenheim es la heredera de una fortuna generada en la minería, es rica, es lista, es poderosa y es coleccionista de arte. En resumen: es judía. La casera perfecta para un artista que busca la fama.

Peggy le echa el ojo a los cuadros de Pollock y comienza a comprarlos y a encargarle nuevos, hechos a la medida. Lo visita de vez en cuando y le presenta a algunos amigos.

-Mira Jack, este es Max Ernst y este otro es Marcel Duchamp.

Las relaciones se fortalecen. Pollock comienza a cobrar fama. A sus exposiciones van algunas celebridades. Reporteros de unas cuantas revistas van a entrevistarlo, a observarlo mientras pinta.

Time Magazine.

New York Times.

Life Magazine.

Detrás de todo este movimiento está Peggy Guggenheim, la casera judía. La rica, la poderosa, la capitalista. Y detrás de Peggy está la CIA.

La CIA (Agencia Central de Investigaciones) recopila, analiza y utiliza información importantísima para el Gobierno de Estados Unidos, mediante espionaje, torturas, raptos, secuestros, operaciones encubiertas y acciones paramilitares. La CIA hace todo esto para salvaguardar la integridad, la soberanía y la libertad de América y, por extensión, de todo el bloque capitalista. Los malos, que quieren acabar con el mundo capitalista, el mundo libre, son los comunistas, los rojos, y la CIA protege al mundo indefenso de ellos, de su agresión, de su atraso, de su barbarie.

Para finales de la década de los cuarenta, la CIA es lo suficientemente importante que prácticamente controla Estados Unidos.

Los de la CIA, en sus trajes oscuros, con lentes oscuros, con sus peinados oscuros y brillantes por la vaselina, se dicen:

-Comunistas tener una cultura comunista, murales, periódicos, revistas, libros, esculturas, pinturas. ¿Qué tener nosotros? Mitad de la población del bloque capitalista ser socialista. Mitad de la población del bloque capitalista estar interesada por socialismo.

-Nosotros deber crear una cultura capitalista y atraer a gente. Capitalismo ser bueno, ellos no darse cuenta. Nosotros deber crear una cultura capitalista.

-Sí, pero nosotros no ser obvios, nosotros tener que ser sutiles.

-Nosotros desligar de todo discurso político. Nosotros impulsar un arte que aparentar ser apolítico.

-Sí. Nosotros pensar.

Los agentes de la CIA pensaron en muchos artistas, y de todos, el que tenía menos relación con el capitalismo era Pollock. La obra de Pollock era inofensiva y libre, sin ataduras, sin reglas de perspectiva, composición o color, libre de concepto, libre de discurso.

Pollock era libertad y libertad era capitalismo.

La CIA, que controlaba editoriales, publicaciones, revistas y medios de difusión masiva, comenzó a propulsar a Pollock rápidamente a la cima. La CIA, que también controlaba artistas, escritores, intelectuales y críticos, se encargó de que Pollock, su nuevo juguete, fuera bien recibido en los altos círculos.

Pollock (y sus amigos expresionistas abstactos) fueron, por lo tanto el emblema del refinamiento capitalista y el glamour. El símbolo de que América ya no estaba a la sombra de Europa, sino que sus habitantes también tenían capacidad para crear movimientos artísticos. Ahora toda Europa y todo el mundo se plegaría al modelo americano. América era el ejemplo a seguir y Pollock era su representación en las artes.

La CIA se encargó de todo esto y Pollock, que es el arquetipo de artista indomable, fiera temperamental, genio que crea de la nada, divino e infernal a la vez, resultó ser nada más que una pieza entre las fichas blancas y capitalistas del ajedrez mundial.

-Muévete hacia la derecha muñeca.

-Un poco más.

-Bien. Buena chica.

-Clic.

Te vas a morir

Cada vez que expresamos algo, lo empobrecemos singularmente.

-Maeterlinc

Cholos paseando perros asesinos al amanecer

Leí en un libro que Goethe decía que todas las cosas en el mundo son metáforas, así que ya no tenemos escapatoria, esta frase es una sentencia con la que podremos arrastrar toda serie de ideas y perdernos en un bosque oscuro: refiriéndome al bosque oscuro como metáfora del  conocimiento inestable, donde existen las metáforas, analogías, alegorías y demás conexiones que nuestra cultura ha mantenido a la conveniencia de cierta estabilidad, esto es: realizamos conexiones, ponemos nombres, enjuiciamos y realizamos hipótesis para pensar que pensamos, para mantenernos de alguna manera a la deriva en el océano, (como metáfora de lo vasto y peligroso) del conocimiento, como el hilo de Ariadna en el laberinto (como metáfora, ya saben).


Bien, metáforas para conectar cosas, de las que son tangibles y sensibles: concretas, y cosas inteligibles, deducidas: abstractas. Las cosas son, en cuanto existen, pertenecen a la realidad, y son nombradas por el lenguaje: Aquel conjunto de cosas que tras una serie constante de construcciones “convenientes”, reemplazan a las cosas (desde los objetos materiales a los conceptos inteligibles mismos) por otras, no arbitrariamente en el sentido de azar, sino arbitrariamente en el sentido en el que no existe una relación directa y apegada entre la palabra y la cosa. Y resulta que todo está en movimiento y las relaciones que existieron un día ya no son las mismas al otro.


En el arte, gran metáfora de la realidad metaforizada, las cosas tienen la cualidad de ser estables, de mantenerse estables con el pensamiento de lo que pensamos que se pensó en una época. Los signos por muy simbólicos, disparados o abiertos que sean, tienden a estar por alguna causa no del todo arbitraria, leí en un libro que dice Chejov que en el arte si tenemos una pistola es para dispararle.


El arte es un lugar con algunos elementos estables, donde las cosas suceden, un campo de batalla donde cuestionamos lo que sea cuestionable, dentro o fuera de sí mismo. Y es por eso que, como estudiante existen muchas cosas que no me parecen correctas, la mayoría de la gente no comprende que el arte no es algo intrínsecamente personal y que no todos los artistas son seres mágicos, (algo de alquimistas tienen, metafóricamente hablando) si yo dijera que lo que hago es algo que emana de mi ser, de mi genio, producto de mi sensibilidad única, o bien de las pulsiones de mi id, seguro estaría mintiendo. Y hay juegos de todo y para todo, juegos incluso para juegos mismos, como lavadoras que lavan lavadoras, de eso se ha tratado el arte de vanguardia legitimado para bien o para mal, el lenguaje cambia, cambian los significados, los significantes y las cosas sobre que hablar. Para mí, y seguramente para muchísimas personas más, el arte (visual, literario, sonoro) es el lugar para poner a prueba la llamada “estabilidad” de las cosas, para hacer hermoso el sol al amanecer de la campiña francesa, pero también es el lugar para preguntarnos si es hermoso ver a dos cholos insensibles caminando juntos, llevando un perro de pelea a la luz del amanecer, o a un chico europeo metiéndose un pepino por el culo, iluminado por la luz de la media mañana entrando por su ventana. Pero hablar incluso de el arte como zona de tolerancia de la belleza como que ya está muy discutido, ¿no? Ya hace más de siglo y medio que Baudelaire aplaudia y maldecía a aquellos artistas que estudiaron retórica con Satán (como puede leerse en los primeros versos del primer poema de sus Flores del Mal: Epígrafe para un libro condenado) , y que por lo tanto podían comprenderlo, hablaba de ellos como personajes que cuando niños su espíritu poético ha sido sobreexcitado y que no haya reposado la mirada mucho tiempo en las actividades laboriosas; cuyos sentidos fueron irritados, asustados, encendidos y satisfechos por los objetos de arte, convirtiéndonos en seres infelices que hacen infelices a los demás, en seres que le levantaban la falda a la nodriza a los doce años, y que cuya alma irá gritando como una prostituta la palabra “Plasticidad”, con un gusto desmesurado por la forma.


Slava Mogutin. Anton’s cucumber 2002


Además, no todas las manifestaciones artísticas caben en el discurso del gusto desmesurado de la forma, ni pueden o deben ser discutidas por sus elementos sintácticos, la poesía de algunas piezas hechas en los últimos cuarenta años son más verbales que visuales, o que técnicas, pensaría en el ejemplo del “aliento sobre piano” de Gabriel Orozco. No es más que una fotografía sin ninguna complicación técnica. Y sin embargo, es una de las piezas favoritas entre muchas personas.

A lo que voy, mucho del arte actual, aunque tenga preocupaciones formales no posee su valor en las composiciones, no podemos estudiar el performance o las intervenciones desde las teorías de composición de Rudolf Arheim o de Donis Dondis por ejemplo, y aunque pudiéramos hacerlo no viene al caso, la mayoría de las propuestas actuales se basan en el estudio de métodos estructurales, sistémicos o filosóficos, por formales que sean.

Incluso hablar del arte como el lugar para encontrar cosas hermosas en donde no había no es la única finalidad del arte. Así como llevamos la suerte de ver las cosas desde el punto donde podemos observar estas inestabilidades y arbitrariedades de las cosas sin salir lastimados, tenemos la desgracia, el sino de caer en la irreverencia gratuita, o la imagen gratuita.


Ahora que he mencionado lo que opino del arte, quisiera hablar de los artistas, un poco remitiéndome a lo que he dicho anteriormente: “el artista no es un ser mágico”, a grandes rasgos y siendo muy optimistas, los artistas sobresalientes en el medio, actualmente son personas ligeramente más sensibles que la mayoría; a algunos les funciona ser ingenuos, intuitivos, y a otros les funciona hacer uso de la razón, incluso hay algunos que mezclan un poco de las dos cosas, pero hay que saber hacerlo; en el universo existe una tendencia al desorden, a eso se le llama entropía, yo diría que en los artistas existe una tendencia a hacer las cosas basados en un gusto estético bastante arbitrario.

La muerte está en todas partes

Felix González Torres. Sin título.


«Los fantasmas del mar y de los barcos y de los viajes oceánicos existían tan sólo en aquel aliento fresco y rutilante. Pero, con el paso de los días, veía cómo se iba adhiriendo a Ryuji otro de los groseros olores de la rutina de la tierra: el olor del hogar, el olor de los vecinos, el olor de la paz, de las frituras de pescado, de las bromas, del mobiliario que nunca cambiaba de lugar, de los libros del presupuesto familiar, de las excursiones de fin de semana… Todos los pútridos olores que despiden los hombres que habitan en la tierra: el hedor de la muerte.»

-Yukio Mishima en “El marino que perdió la gracia del mar”

He aquí una lista de conceptos y estrategias más recurridas en los artistas actuales y de siempre: La ironía, la locura, el miedo a la muerte, la contradicción muerte-vida (mi favorita), la fragilidad, la obra abierta, el amor, el odio, las relaciones humanas, el miedo a la soledad, el miedo a morir solo, la fecundación, el nacimiento, la juventud, la vejez, el miedo a la vejez y a morir, los mundos mágicos (como recurso de una vida eterea y eterna, y por lo tanto inmortal), el erotismo, la relación erótico-tanática, la tecnología como medio de conocimiento, la religión, la religión como instrumento de salvación (recordatorio de nuestra finitud: sorella morte) la religión y el erotismo, la ausencia (otro de mis favoritos), la maternidad (el nacimiento, que se contrapone curiosamente con la muerte), el hedonismo y el fetiche (herramientas contra la muerte), alguna problemática social como el género, la sexualidad, el hambre, o el analfabetismo, la calidad de vida y por lo tanto, la calidad de muerte. Pues ¿ya qué?, todo lo que me viene en la cabeza tiene que ver con en el arte tiene que ver con la muerte, a favor o en contra, de la hermosura de nuestras tragedias. 

Es más ¿Qué son los signos sino dadores de muerte? Los signos matan la experiencia, tenemos el caso de Grifalconi, personaje de la novela “La vida instrucciones de uso”: Se trata de una pieza de madera carcomida por la polilla, que sirve de base para una mesa y se encuentra deteriorada, Emilio Grifalconi trata de restaurarla inyectándole una mezcla de plomo para fortalecerla, sin embargo, el estado de deterioro es tal que al operación resulta insuficiente. A Grifalconi se le ocurre entonces disolver la madera: “Con lo que se hizo visible aquella arborescencia fantástica, representación exacta de lo que había sido la vida del gusano en el interior de aquel fragmento de madera, superposición inmóvil, mineral, de cuantos movimientos habían constituido su existencia ciega.  Imagen desnuda, visible, inconmensurablemente turbadora de aquel caminar sin fin”. Todo en este mundo es metáfora, pero todo en este mundo es finito. Y el arte, está ahí para recordarnos que todo se rompe. 

Vic Muniz, Clown

Fuente.

Acto Primero

Esta pieza (que es un mingitorio de porcelana común y corriente) titulada Fuente, fue presentada como una más entre todas las obras de arte que aspiraban a exhibirse en la exposición de la Sociedad de Artistas Independientes de 1917.


La Sociedad había dicho que presentaría toda la obra que fuera registrada en la expo. 

Nadie se esperaba que algún loco pensara exponer un mingitorio. Una pieza común y corriente de baño, hecha en fábrica, producida en masa y sin ningún decorado.

Además el mingitorio ofendía, con su mera prescencia, al museo, a la galería, a las demás piezas de la sala, al público, a los curadores, a los museógrafos, a los directores y a los patrocinadores. El mingitorio causó polémica.

Coro: Los mingitorios son para orinar. Y su lugar es el baño. El baño es a donde pertenecen.

No había nada que le acercara al término “arte”, por ningún lado se arrimaba al concepto “obra de arte” que, según el autor, poseía.

Los curadores y museógrafos, todos de pie alrededor de la extraña pieza, con las manos sobándose las mejillas pensaron, o tal vez dijeron:

Curadores y museógrafos: Tal vez no estaba destinada para esta exhibición.

Curadores y museógrafos: Tal vez el camión de entrega se equivocó de dirección.

Pero, de pronto, los curadores y museógrafos repararon en la firma pintada en un costado del mingitorio.

Firma: R. Mutt 1917.

Mierda, se dijeron. Esto es un lío, se dijeron. ¿Quien vergas es R. Mutt? se dijeron.

Curadores y museógrafos (encongiéndose de hombros y meneando las cabezas): No sabemos. Mierda.

Curadores y museógrafos: Fácil. Nadie lo conoce, rechazamos su pieza, la escondemos y nadie dirá nada, pues este R. Mutt es un cero a la izquierda en el mundo del arte.

Curadores y museógrafos: Bien, así lo haremos.

Curadores y museógrafos esconden el mingitorio.

Acto Segundo

La exposición se celebró con éxito. Pero Marcel Duchamp, miembro de la dirección de la Sociedad y uno de los integrantes más famosos, dimitió, en protesta por la censura del mingitorio de R. Mutt.

R. Mutt era el seudónimo de Marcel Duchamp y con su dimisión hubo una ruptura en el grupo (algunos se quedaron en la Sociedad mientras que otros siguieron a Duchamp) y en el mundo del arte (algunos siguieron rechazando los mingitorios mientras que otros siguieron a Duchamp).

Acto Tercero

El mingitorio de Duchamp supuso un vuelco en la concepción del arte. Con este gesto simbólico, Duchamp convertía la pieza, el objeto, en un mero contenedor de la idea, que era lo importante. La pieza dejaba de ser un objeto para ser apreciado, como una pintura o una escultura, y se convertía en un medio para que la idea, el concepto, llegara a la mente del espectador.

La Fuente de Duchamp se pregunta a sí misma y nos pregunta a nosotros si puede ser arte. 

Fuente: ¿Soy arte?

Muchos críticos de la época consideraron que no lo era, alegando que no era pintura, ni escultura, ni había sido hecho por el artista. Es decir, la tachaban de “no artística” porque no se parecía a sus amigas, las demás obras de arte.

Demás obras de arte: ¡No es arte porque no se parece a nosotras!

Pero la Fuente de Duchamp creía que esta era una visión clasista y discriminatoria de lo que era el arte. Fuente, en cambio, creía en sí misma, y se dijo:

Fuente: Soy arte porque lo soy. Soy arte porque yo lo digo. Y desde que lo digo, entonces lo soy.

Esta nueva forma de pensar, de la que Fuente fue pionera, impulsó hacia arriba a una nueva raza de obras de arte, esta raza se llamaría arte conceptual y se caracterizaría, a partir de entonces por hacer preguntas sobre sí mismo, sobre la propia naturaleza del arte.

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